Precariedad e informalidad

La pandemia del coronavirus ha profundizado la precarización laboral, este problema que está presente desde hace décadas en nuestro país y en gran parte del mundo, se presenta actualmente en su más cruda expresión interpelando a la sociedad e imponiéndole al Estado el desafío urgente de resolver las desigualdades que crecen en las relaciones laborales.

Los cambios que ha venido a producir el COVID-19, están acentuando las desigualdades en casi todo el mundo, la llegada de este virus cercó más duramente a los trabajadores precarizados o del sector de la economía informal, quienes no logran continuar su actividad ni acceder a algunos beneficios que los trabajadores y empresarios formales si pueden.

La informalidad laboral presenta un paralelismo negativo en cuanto al crecimiento económico de un país. Esto se debe a que una mayor tasa de informalidad tiene consecuencias nocivas en el empleo, la productividad y el bienestar social. Una de las mayores consecuencias de tener un alto índice de informalidad es el bajo acceso al crédito, una deficiente distribución de bienes y servicios públicos, así como una menor recaudación de impuestos.

En nuestro país más del 70% de los trabajadores están empleados en actividades informales con baja productividad, es decir, empleos inestables y salarios bajos.  Gracias a la conjunción de estos factores, este fenómeno económico y sociocultural,  sume a millones de personas en situación de precariedad, desprotección e inseguridad.

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Esta realidad ha generado consenso acerca de la necesidad de reducirla, sin embargo, actualmente existen marcadas diferencias en la forma como los actores públicos y privados proponen lograrlo. El combate a la informalidad ha traído como secuela la profundización de reformas flexibilizadoras, enfocadas en la aprobación de regímenes especiales o de promoción, que han surtido escaso efecto en este problema.

Existen diferentes maneras de abordar este fenómeno socioeconómico, todas las estrategias deben encauzarse en hacer más viable, atractiva y simple la incursión a la formalidad, a través de incentivos para el emprendimiento, el empleo y la inversión, las economías desarrolladas han demostrado que este es un camino seguro y probado para disminuir la pobreza.

En el nuevo escenario mundial, el Estado surge como el sostén de los ingresos de más de la mitad de la población económicamente activa, con políticas de emergencia tanto para formales como para los más vulnerables y desprotegidos, la suma de estos hechos crea el escenario propicio para replantear las estrategias tradicionales y discutir las enseñanzas que nos deja esta crisis.

Súmate al esfuerzo por controlar esta emergencia sanitaria, el Perú está en nuestras manos, sigamos las recomendaciones de nuestro Gobierno, quédate en casa”

Escrito por: Grupo Verona

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