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Los vendedores ambulantes y su resistencia a la formalidad

Para poder analizar los móviles de la economía del comercio ambulante es necesario tener en cuenta las motivaciones sociales del empleo informal. La explicación en cuanto a la resistencia o lentitud para trasladar la informalidad al sector formal; se consigue sin duda en que existe un apego al entorno del sector informal vinculado a razones sociales, como trabajar con parientes o disfrutar de mayor “autonomía”, factores que sin duda desafían los supuestos habituales acerca del crecimiento y desarrollo en los mercados emergentes.

Se mantiene la idea de que los comerciantes informales prefieren quedarse como tal solo porque así evitan pagar impuestos y el control municipal, o porque la inversión es mínima y les permite obtener una alta rentabilidad, sin embargo, no se limita solo a ello, existen razones sociales que prevalecen sobre las motivaciones estrictamente económicas.

El comercio ambulatorio se desenvuelve en un contexto muy personal, en principio porque las transacciones se llevan a cabo cara a cara, y además porque a los vínculos se añade la norma social de las transacciones económicas. Esta incorporación de vínculos subjetivos genera relaciones complejas en las cuales la reciprocidad del cliente con el proveedor se manifiesta llena de ciertos niveles de carga emocional.  Es decir, los ambulantes se sustentan en las ventajas que ofrecen los bajos precios, ofertas, garantías, pero también muy especialmente en las relaciones de confianza. Si bien la fidelización no es algo nuevo, los estudios evidencian que la personalización en el comercio ambulante tiene mayor relevancia que en otras clases de comercio.

Esto puede deberse a que los comerciantes ambulantes sacan ventaja manejando una cartera de clientes y proveedores fieles, asegurando uno de los principales mecanismos que rigen las redes de mercado: el cierre.

Otra de las formas de economía ambulante se presenta en los casos en que un empresario contrata a un vendedor para que distribuya en la calle, aprovechando el alto tránsito de personas dispuestas a comprar, y en cierta medida  la vulnerabilidad del contratado, promoviendo a la vez la fragilidad de las instancias de control estatal para supervisar el uso de las calles.

Todos estos factores hacen comprensible la dificultad de erradicar la cultura informal, ya que se ha convertido en un estilo de vida con profundas raíces.

Escrito Por: Abg. Jessica Navarro

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