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La ruta del lavado de activos

Históricamente el lavado de activos se trata de un delito poco palpable por los ciudadanos, debido a que se estableció la idea equivocada que su importancia solo era relevante para autoridades de supervisión bancaria o de estabilidad monetaria, esta creencia se debe principalmente a que, cuando se habla de delitos, la atención principal se centra en hechos violentos o mucho más tangibles, por tanto, es importante comenzar el recorrido enfatizando que, aun cuando lavar dinero, en sí, no reviste hechos estridentes de violencia, es un delito que tiene un inmenso poder corruptor en la sociedad y en las instituciones, debido a que el aumento de los índices de criminalidad, afecta directamente la percepción de seguridad de los ciudadanos, sobrecarga el sistema de administración de justicia e incrementa la impunidad.

En la actualidad las crecientes actividades del crimen organizado, plantean una urgente necesidad de emprender acciones estatales que controlen y repriman eficazmente las múltiples y complejas actividades ilícitas que de ellas se desprenden. El poder del dinero ilícito es capaz de incidir dentro de todas las esferas estatales y privadas, con el propósito de adquirir protección, desviar la dirección de recursos públicos, y en definitiva para preservar y ampliar los dominios.

Las organizaciones delictivas han tenido la pericia de traspasar fronteras en busca de mercados menos regulados que les permitan blanquear el capital. El crimen organizado no tiene bandera, y moviliza más dinero que muchas economías soberanas.

Trazar la ruta del dinero proveniente de actividades ilícitas, debe iniciar teniendo claro, que para que exista es necesaria la consolidación de alianzas entre delincuentes, empresarios y sectores de la política, con el propósito de blanquear ganancias y además evadir impuestos.

Los organismos nacionales e internacionales están de acuerdo en afirmar que las etapas en el lavado de dinero son tres, que generalmente, ocurren sucesivamente, estas son: La Colocación u ocultamiento en el sistema financiero, a través de una gran variedad de medios, elegidos por los actores ilegales según las oportunidades e ingenio, la Estructuración, cuando las ganancias ilícitas son separadas en diferentes transacciones, previamente diseñadas para disfrazar el origen y dar apariencia de legítimo, por ejemplo el pitufeo, y finalmente la Integración que es la etapa en la que el dinero ya circula, a través de diversas transacciones, invirtiéndose en negocios legítimos que transitan en la economía formal, por lo que resulta casi imposible detectar su origen.

             

De esta esquematización, puede inferirse que la estructura criminal nace por la necesidad de conectar sus intereses, es decir, los delincuentes junto al empresariado local o transnacional y altos funcionarios políticos; utilizan hábilmente recursos como los paraísos fiscales o cuentas en el extranjero con la intención de sacar fondos del país y posteriormente reintroducirlos ocultando su origen, creación de empresas legalmente constituidas que en realidad son fantasmas, de fachada o cascaron, la inversión en ciertos sectores vulnerables, como el turismo, inmobiliarias o la construcción, siendo algunas de las áreas que más reciben sanciones administrativas por no informar de operaciones sospechosas.

Además, también pueden constituir figuras jurídicas falsas, para ocultar los destinatarios finales de los recursos producto de actividades ilícitas, o para brindar el entramado societario necesario a fin de poder captar fondos públicos y vehiculizarlos parcialmente a las manos de quienes los benefician.

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Otra de las brechas que aprovechan para realizar este delito es el bajo índice de bancarización; porque cuando la mayor parte del dinero con el que se hacen transacciones económicas es dinero en efectivo, su origen es muy difícil de rastrear.

Estas y otras de las estrategias utilizadas, dificultan mucho detectar la procedencia ilícita del dinero que manejan los lavadores, porque muchas veces esta actividad la realizan empresarios formales dedicados a distintos rubros, es decir, los delincuentes han tercerizado la actividad del lavado de activos para poder eludir mucho mejor a la justicia.

El dinero del delito distorsiona la economía; por tanto, para el sector privado, es muy difícil identificar cuando sus competidores son parte de estas estructuras criminales. Analizar la evolución del “modus operandi” en el lavado de dinero y sus delitos subyacentes, puede mejorar la formulación o ajuste de políticas de Estado que lleven a desarrollar con mayor eficacia las acciones tendientes a combatir el lavado de dinero.

Escrito por: Abg. Jessica Navarro

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