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Crimen organizado y seguridad nacional

La mayoría de los países de la región Latinoamericana atraviesan por períodos de acelerados e importantes cambios, estas transformaciones inciden directamente en la forma como se definen y abordan los desafíos que surgen en la realidad actual, ello como consecuencia de los procesos atropellados y contradictorios de una modernización inconclusa, que no se ha acompañado por un desarrollo paralelo y efectivo de los elementos básicos de la modernidad.

Uno de los principales retos a los que se enfrentan las comunidades modernas es poder hacer frente al fenómeno del tráfico de drogas y del crimen organizado transnacional, que constituye una de las mayores agresiones a la seguridad y estabilidad de los Estados.

El fenómeno del crimen organizado se ha generalizado y adquirido nuevas y más violentas formas de operación en todo el hemisferio, enfrentar esta nueva criminalidad amerita que los estados desarrollen una perspectiva que logre armonizar las políticas globales y las locales.

El crimen organizado es un hecho dinámico que se limita cada vez menos a la idea de un determinado espacio físico, o a una cantidad pequeña y de productos ilícitos bajo el poder de una organización determinada. La noción de criminalidad organizada no es rígida, al contrario, se ubica como un fenómeno empresarial delictivo que evoluciona, mostrándose fértil y numeroso.

Es importante señalar que el evidente auge del poderío de estas organizaciones ilícitas dentro de países como el nuestro se debe a que contamos con una cultura funcional para su desenvolvimiento, es decir, se brinda un espacio en el que las relaciones individuales y colectivas facilitan su maduración, debido a que esta modalidad de crimen se sustenta en una profunda, compleja y dinámica matriz en la que la sociedad es al mismo tiempo víctima de sus demostraciones violentas de fuerza y beneficiaria de los bienes y servicios que provee.

Estas afirmaciones indican claramente que por lo general la criminalidad cuenta tanto con oportunidad como con capacidad para combinar con eficacia represión y aceptación, por ello su presencia y expansión no se sustentan sólo en el ejercicio del temor, sino también en el reconocimiento por parte de distintos segmentos de la población.

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Teniendo claras estas nociones, surge el tema de la necesidad de encuadrar estos fenómenos en los parámetros de la seguridad nacional.

La idea de seguridad nacional nos remite a un terreno de evaluación y, necesariamente de interpretación, esto se debe a que la presencia del crimen organizado desviste, empeora y profundiza las tensiones sociales, políticas y económicas entre la sociedad y los Estados, principalmente porque la misma sociedad que padece las consecuencias de la criminalidad, obtiene beneficios de su establecimiento y desarrollo, en mayor o menor medida porque el mismo Estado es quien puede decidir enfrentarlo  parcial o totalmente, es decir, la decisión de transformar a la criminalidad organizada en un asunto de seguridad nacional es el resultado de una voluntad política.

Esta afirmación puede explicarse, en parte, por el problema intrínseco de corrupción que genera la presencia de la criminalidad organizada dentro de un país, especialmente en las regiones donde la debilidad política del Estado facilita la descomposición de instituciones clave en la lucha para combatir este flagelo, como el poder judicial, el ejército o funcionarios policiales.

Escrito por: Abg. Jessica Navarro

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